Manuel Echaveguren siente mucho dolor cuando en Cohayique, donde vive, los días están fríos, como el peor de los inviernos. Tiene una artritis séptica en la cadera derecha, y cuenta que eso “significa que la cabeza de mi fémur está destruida, lo que hace que tenga poco movimiento en mi pierna, cuando hace frío es cuando más me duele”.

Sin embargo, él le resta toda importancia a las molestias y el mal clima: sobre todo cuando toma una raqueta de tenis de mesa y se pone a entrenar.

En esté helado día en el Polideportivo Quillón, Echaveguren fue la gran figura al llevarse el Oro en estos Juegos Deportivos Nacionales y Paranacionales.

El sureño de 19 años recién empezó a jugar en el deporte paralímpico el año pasado. Antes no jugaba en la disciplina porque no sabía que su discapacidad lo habilitaba como jugador.

Desde ese momento, su carrera tuvo un salto sustancial que empezó cuando obtuvo la medalla de plata en los Sudamericanos de Sao Paulo, Brasil, en marzo.

Dice que sus dolores, con el paso de los años, van a ir empeorando, “porque el hueso se va desgastando. Va llegar un punto en que me va a doler todos los días, ahí tendré que operarme o o ponerme una prótesis”, cuenta.

Todo esto empezó cuando tenía seis meses, por culpa de una bacteria que le infectó su cadera. “Yo había nacido bien, pero me pasó esto que fue muy duro para mi familia porque pase mucho tiempo en el hospital”, asevera.

Pero añade que desde que es un deportista paralímpico, su visión de las cosas cambió. “Lo mio comparado con los demás no es nada, yo tomo como ejemplo a Matías Pino, porque se saca la cresta entrenando y ha pasado momentos muy difíciles, y sin embargo siguen adelante, eso es inspirador para mí”.

El gran sueño deportivo Echaveguren apunta bien alto. “Me proyecto a ir algún día a una paraolimpiada, pero hay que paso a paso, todavía hay tiempo”.