Anastasia Sanzana nació en Negrete, “un pueblo pequeño al lado del río y un cerro”, y conoció la disciplina atlética de marcha, en el colegio de Los Ángeles.

Iba en octavo básico, y el profesor de educación física llevó a sus alumnos al Estadio de la comuna. Por alguno motivo, que todavía desconoce, le cautivó la disciplina, “no sé bien porque, pero quise practicarlo de inmediato. Pero al principio me dijeron que no. Pensaron  que era mejor para correr, pero insistí tanto que me tuvieron que entrenar igual”, cuenta la deportista.

Ahora, la sureña  tiene dos mundiales en el cuerpo y el récord nacional del 2016 en su categoría juvenil, por el que fue galardonada por la Federación Atletismo. 

Amante de la pintura, su secreta pasión, donde su madre sagradamente guarda todos sus trabajos artísticos, ya fijó sus objetivos por el que sigue marchando con su característico sello: Los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020. Junto a su entrenador, llevan dos años de duro trabajo para lograr una  buena presentación.

La atleta va por los 10km en marcha, pero sueña poder participar en los 50k, categoría sólo para hombres. Pero ella insiste igual, “estamos organizadas y haciendo peticiones para que haya igualdad de género, espero que se pueda dar”, dice.

Este año ingresó al plan común de ingeniería civil en la Universidad de Concepción, pero seguirá entrenando y repartirá su tiempo entre Concepción y Los Ángeles.

“Me gustaría ser entrenadora en el futuro para hacer algo por la marcha, que es casi desconocida en el país”, cuenta.

Anastasia será una de la figuras que moverán los Juegos Nacionales Deportivos y Paranacional.

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