Sebastián Gómez recuerda con precisión los detalles que ocurrieron ese 27 de junio del 2009. Son imágenes que puede ver en su mente.

Estaba lloviendo fuerte en la Comuna de Lo Prado. Venía de dejar a su polola en su casa, cuando se cruzó con un grupo de amigos; quienes eran acechados por otro grupo, que iban con escopetas cargadas con perdigones.

El conflicto no tenía ninguna relación con él, pero, por algún motivo, hizo que lo fuera.
“Mis amigos estaban escapando de unos locos, y yo andaba con un arma, y por hacerme el choro fui a encarar a la otra pandilla”, cuenta.

Los sujetos le terminaron haciendo una encerrona en un pasaje, “nos empezamos a disparar con uno de los tipos, y ahí me llegó un escopetazo que me dejó inconsciente.”

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En Pudahuel, donde vive y nació, había una escuela de fútbol de Colo Colo. Sebastián fue a probarse y el entrenador de ese momento, Luis Pérez, ex campeón del cuadro albo en la Copa Libertadores, le descubrió condiciones.

Estuvo un tiempo en las cadetes del equipo, pero sólo hasta los 13 años. “Me llamaron a una oficina, y recuerdo que estaba Jaime Vera. Me avisaron que no seguía en el equipo: me echaron porque era muy bajo, mido 1,63 metros. Fue un impacto muy grande, porque yo quería al Colo”.

A pesar de su decepción, no dejó el fútbol del todo. Volvió a jugar en el barrio junto a sus amigos. Pero algo cambió, y lo dice sin muchos rodeos: ” Empecé a ocultarle cosas a mi mamá, y me uní a una pandilla. Me puse rebelde, me metí en la droga, y en la delincuencia”.

Tiempo después…llegó el 27 de junio del aquel año, llovía de manera torrencial el día que Sebastián Gómez recibió un escopetazo que lo dejó ciego. Tenía 16 años.

“Desperté a las dos semanas con mi mamá al lado. Ahí caí en una depresión muy grande. No sabía qué hacer, para mí las personas no videntes eran esas personas que se paraban en las esquinas pidiendo plata con un bastón”, relata.

Todo parecía difícil de lidiar, hasta que supo de un colegio de no videntes en la comuna de La Cisterna. “Ahí me presentaron a un joven que le había pasado lo mismo que yo y que pudo surgir, aprendí a vivir en el mundo de los ciegos”.

En ese recinto de La Cisterna, Sebastián aprendió a usar el bastón, a leer en braile, se perfeccionó en la masoterapia, su actual trabajo y, lo más importante para él, conoció el Goalball. “Me pasaron esos balones con cascabeles, y por el puro hecho que me lo pasaran volví a nacer”.

Ahora, representando a la Región Metropolitana en estos Juegos Deportivos Nacionales y Paranacionales, es una las grandes figuras de la disciplina en Chile. “Mi primer campeonato fue el 2011 y desde ahí me metí de lleno en el deporte”.

mez se unió el 2014 a la selección nacional, “hasta el día de hoy sigo en el equipo y espero dejar a Chile en lo más alto”, dice. Y en la edición 2015 de Los Juegos, guió a su región a la medalla oro. “Ese partido, hice el gol final y fue una emoción gigante”. Esta jornada jugarán la semifinal contra Coquimbo, esperando obtener, otra vez, la anhelada presea dorada.