Valentina Sepúlveda era mala, muy mala, para el balonmano. En la ciudad de Los Ángeles entró a un taller extra escolar con una amiga, la cual si tenía condiciones innatas para este deporte. Valentina era todo lo contrario.

Quizás porque sólo tenía 11 años, nadie se atrevía a decirle la verdad, para no herirla. Pero era demasiado notorio: “Cuando llegaba al arco lanzaba la pelota como si fuera un globito. Nadie daba un peso por mí”. Sin embargo, había una pequeña ventaja: Empezó a amar el deporte.

Por eso siguió insistiendo. Al final aquella talentosa amiga suya terminó abandonando el taller. Y ella, hija de una psicólogo y una funcionaria municipal, empezó a mejorar. Hoy es una de las figuras en potencia de la disciplina en Chile y ese débil lanzamiento ahora es su mayor fortaleza.”Insistí para demostrarme a mi misma que podía lograr algo. Entrenando todo se puede”, cuenta.

Valentina ahora es seleccionada nacional, y en estos Juegos Deportivos Nacionales es la gran figura del Biobío. Bajo su liderazgo los locales asoman con fuerza para quedarse con el oro.

La joven sureña es pura voluntad, y de a poco han venido los premios. Hace unos meses que estuvo entrenado en Valladolid, España, con el plan de perfeccionar su juego.

Valentina no puede evitar entristecerse cuando le toca hablar sobre el balonmano. “Es un deporte que nadie conoce entonces cuesta que te tomen en cuenta. Me encantaría que le dieran un poco más de atención, porque mucha gente no sabe lo que es este deporte. Yo digo que juego balonmano y me preguntan ¿cómo se juega eso?.

Es algo que la afecta de sobremanera, sobre todo porque en los últimos dos años se fue a dos mundiales en categorías inferiores, y en este 2017 las categorías de masculino y femenino clasificaron a los mundiales de junior y juvenil. Pero la principal hazaña fue la histórica presentación de la “Roja” de balonmano masculino en el Mundial de Francia de enero, al terminar en la 21° posición del certamen planetario.

Desde hace un tiempo que Valentina no va al colegio y sólo da exámenes libres. Asumió los costos, pero sabe que en algún momento tiene que pensar en su futuro. “Aún no decido una carrera y tengo que estudiar porque no puedo vivir de esto, el balonmano no durará para siempre”.