Juan Pablo Castillo está a centímetros de cruzar la calle. Tiene miedo. No está acostumbrado a caminar sin que su madre y padre, o alguno de sus cuatro hermanos, se coloque justo detrás de él. Ahora tiene que hacerlo solo, ayudado de un bastón.

Oriundo de Quilpué, Castillo nació con un 20% de vista, y ahora sólo tiene un 15. “Es como si viera a través de un vaso de agua”, cuenta. A pesar de su temor, cruzó la calle.

Hoy, se encuentra en el Gimnasio del Parque Tumbes, en Talcahuano. Vino por los Juegos Deportivos Nacionales y Paranacionales, representando a la Región de Valparaíso: Juan Pablo es un jugador Goalball, el único deporte paralímpico creado para personas no videntes o con deficiencia visual.

Está justo de frente a la cancha donde están jugando Aysén y Los Ríos, los próximos rivales, se guía por el sonido de los cascabeles que se mueven adentro del balón. “Me di cuenta que el central es el que lanza mas fuerte”, dice.

Con 14 años, y sólo seis meses como jugador, el acenso ha sido meteórico. Así lo cree la propia entrenadora de la selección nacional de Goalball, Gabriela Acevedo: “Puede llegar muy lejos. En sólo unos meses aprendió los movimientos y las formas de lanzamientos. Además uno ve toda la entrega que tiene”, dice.

El joven de la Quinta Región no tenía idea de la existencia de este deporte. Hasta que una profesora, la actual estratega del combinado de Valparaíso, se lo dio a conocer.

“Después supe que el hermano de un compañero de curso jugaba en un equipo de Santiago, y yo ahí empecé a ir también”, cuenta.

En un comienzo, a su mamá no le gustaba nada la idea del menor de sus hijos de ir a Santiago todo los fines de semana. “Pero después de rogarle tres días seguidos me dejó. Ahora ella sabe que soy responsable”.

Y en este tiempo ha tenido que madurar rápido; incluso a su propia mamá le pide calma, cuando hablan sobre su ceguera. Una vez, ella vio en internet el caso de una persona a la que le hicieron un transplante de ojos, “pero yo ahí le paré los carros: soy ciego y aprendí a hacerlo, me siento satisfecho. Yo esto lo asumí desde chico, pero ella todavía no, nunca hay que perder la esperanza, pero aquí en Chile no están los mejores avances”.

En cambio, Castillo gasta sus energías en el deporte. Fue tanto lo que le gustó la disciplina que con 13 años fue capaz, junto a otros amigos, de formar un equipo en Quilpué, el que ahora compone gran parte del equipo regional que vino estos Juegos en la Región del Biobío.

Castillo cuenta que éste deporte “muy táctico, se pueden usar todas las habilidades que pueden tener un ciego, por ejemplo, auditiva, ubicación espacial, es la única disciplina creada para nosotros”.

Pero lo más importante para él es toda la confianza que adquirió. “Me ayudó a ser menos tímido, a hablar con la gente, me siento más seguro a mi mismo“.

Las metas de Castillo son claras y ambicionas: “Quiero llegar a la selección. Pero no sólo por participar en campeonatos, sino que para ganarlos”.